Esta reúne el conjunto de recipientes y el capítulo complementario
dedicado a la pintura de vasos griegos. Nacida en el Oriente Próximo, alcanzó en la Antigua Grecia un
alto nivel de calidad artística, dejando además importante información sobre la
vida y la cultura de los antiguos griegos.
Se conservan numerosos ejemplares de
vasos y probablemente representa una parte ínfima de la producción: más de
50.000 vasos provenientes de Atenas subsisten.
Por otra parte, los otros objetos han sido destruidos, por el tiempo (madera, tejidos, pigmentos de
pintura), o por la mano del hombre, o para su reutilización (piedra, bronce, metales preciosos).
Materiales
La cerámica griega tenía como material de base la arcilla, aunque no todas las arcillas eran
iguales. Así, la de Atenas era
rica en óxido de hierro (Fe2O3): con la
cocción adquiría un bello color rojo anaranjado. La de Corinto, desprovista de óxido de hierro, tenía
un color blanquecino. Estas diferencias permitieron, mediante un análisis químico,
determinar el origen de los vasos cerámicos: de este modo, se ha podido saber
que las hidrias de
Hadra utilizadas en Alejandría, en el periodo
helenístico, como urnas funerarias habían sido fabricadas en Creta y no en Egipto.
La arcilla se extraía de canteras o
de minas de
arcilla, purificada después mediante lavado durante varias semanas. Se ponía a
remojo en grandes estanques donde las partículas finas subían a la superficie y
eran recuperadas. Esta etapa permitía eliminar las impurezas que podían
provocar el estallido en la cocción. A continuación se secaba al sol cortada en
bloques. Después eran almacenados durante algún tiempo para que adquirieran sus cualidades
plásticas.
Elaboración
Al fabricar un vaso, el alfarero amasaba la pasta para expulsar
la burbujas de aire y trabajaba sobre un torno invención del Oriente próximo llegada
a Grecia en el segundo milenio a. C., accionado por
el propio alfarero o por un asistente. Los vasos pequeños podían ser montados
de una vez, pero las piezas de mayor tamaño estaban constituidas de varias
partes que después eran ensambladas en la barbotina (arcilla
desleída en el agua recuperada de los estanques de purificación). Incluso por
las asas o los pies, los vasos eran moldeados.
Una vez fabricado se ponía a secar. A continuación se pintaba,
según una técnica que variaba según el estilo empleado. De manera general, el
pintor jugaba con el contraste del color rojo de arcilla y con una capa de
color negro.
Coloración
Por lo que respecta a la cerámica ática de figuras negras o rojas, se utilizó
un procedimiento especial a partir del periodo
protogeométrico. En la fase de la purificación de la arcilla por decantación y
cuando se liberaba de las impurezas, se recuperaba el agua que había servido y
se había saturado en arcilla, llamada barbotina. Esta agua se utilizaba para
dibujar los motivos decorativos. Mediante la cocción resurgían los dibujos
sobre el fondo de color arcilloso. No se trataba, por lo tanto, de pintura. No
obstante, algunos resaltos de color podían añadirse después de la cocción.
Cocción
Una vez se había secado la pintura, el pintor dejaba paso al
alfarero para cocción, operación delicada, compuesta de tres etapas:
1. Cocción en atmósfera oxidante (respiraderos abiertos para dejar
pasar el dioxígeno) a cerca de 800 °C: el vaso era
totalmente rojo.
2.
Cocción en atmósfera reductora (respiraderos cerrados) a unos
950 °C, con la añadidura de vegetales en el fuego para producir el
ahumado; después la temperatura era bajada a 900 °C. El monóxido de carbono liberado por la combustión incompleta
de los vegetales, compuesto reductor, permitía reducir el óxido férrico (Fe2O3) en óxido ferroso (FeO) o en magnetita (Fe3O4)
de color negro: el vaso era completamente negro y la parte recubierta con la
imprimación negra se vitrificaba, volviéndose impermeable.
3.
Cocción en atmósfera reoxidante (respiraderos abiertos) siempre
sobre 900 °C: el dioxígeno del aire permitía oxidar el óxido ferroso en
óxido férrico en las partes no imprimadas, que se volvían rojas; las partes
imprimadas, que previamente se habían vuelto impermeables, quedaban negras.
La cocción era relativamente simple en principio, pero requería
atención y experiencia. Se sabe de un cierto número de vasos mal cocidos,
malogrados o con pequeñas imperfecciones, producido por un contacto
intempestivo con un vaso vecino. Generalmente, esos defectos no impedían la
comercialización del vaso.
Hubo gran variedad de recipientes que se
hacían entre ellos estaban:
·
alabastrón, frasquito de perfumes (generalmente,
de alabastro o vidrio)
con la base redondeada destinado a estar suspendido.
·
aríbalo, botellita en forma de pera usada para guardar
ungüentos y perfumes.
·
ánfora, vasija alta y con dos asas junto al cuello, ya terminada en pie
chato, ya en punta y de forma fusiforme para colocarla en este caso hundida en
el suelo arenoso o bien sobre u montante y cuyo destino era el de guardar y
transportar líquidos y granos.
·
anforisco, ánfora pequeña (en realidad una ventosa para
sacar el sello de las grandes ánforas de almacenamiento y transporte).
·
askos, botijo deprimido y con un asa por encima para servir el
vino aguado.
·
bombylios o bombilio, pequeño ungüentario de
cuello muy estrecho, similar al alabastrón.
·
cántaros o copa de Dioniso, que a veces
lleva Heracles. Gran copa con asas elevadas (a pesar de su nombre no tiene nada
que ver con el cántaro).cratera,
vasija grande con boca ancha y dos asas o mangos hacia el tercio interior de la
parte ventruda que servía para mezclar en ella el agua y el vino.
·
cíato, similar al escifo pero con una sola asa.
·
cílica, cáliz o copa de poco fondo, ancha y con dos asas.
·
dino, crátera esferoidal montada sobre un pie independiente
·
enócoe, jarra con
asa y que tiene por lo común la boca trebolada cuyo destino era verter el vino
en las copas.
·
escifo, vaso o taza semiesférica o en forma de cono truncado
con dos asas.
·
estamno, cratera de asas pequeñas y de boca menos ancha, que
se produce en un periodo concreto.guttus,
nombre que en Roma se le daba a un pequeño ungüentario de
cuello muy estrecho similar a una aceitera.
·
hidria, gran vasija precedente de la tinaja,
provista de tres asas dispuestas de modo que pueda volcarse fácilmente, que se
destinaba a depósito de agua.
·
kélebe, ánfora ventruda y con pie chato y asas que suben
hasta la boca.
·
kernos, vaso múltiple o conjunto de vasos unidos que servían
para ceremonias religiosas.
·
lagena, vasija similar a un pequeño cántaro o una botella,
para servir el vino.
·
lécito, frasco de estrecho y largo cuello con asa en el
mismo destinado a guardar aceite o perfumes.
·
lecanide, plato hondo con tapadera semejante a una pixida muy
achatada.
·
olpe, jarrito panzudo y
con asa.
·
oxybaphon, cratera con las asas en el tercio superior de
la vasija.
·
pélice, tipo de ánfora
·
pithos, gran vasija esferoidal y de boca estrecha.
·
pixida, pote achatado y con tapadera para servicios de
tocador.
·
psictera, cuerpo bulboso, colocado sobre una base alta y
estrecha que se utilizaba para refrigerar el vino.